Regar un terrario requiere herramientas como sprays o frascos lavadores para cuidar su delicado ecosistema. Es crucial evitar chorros fuertes que dañen las plantas o alteren el sustrato. Usar agua de mineralización débil previene acumulaciones dañinas. Este proceso garantiza un riego homogéneo, controlado y similar a la lluvia natural.

Hace poco hablábamos de cuándo debemos regar nuestro terrario. Vale, ya ha llegado esa fecha, ¿puedo regarlo de cualquier manera? No eches mano todavía a la regadera. Y es que, la respuesta puede parecer obvia, pero, mejor vamos a salir de dudas no vaya a ser que la liemos parda.

Cómo se riega un terrario

Existen dos formas principales de regar un terrario decorativo: con un recipiente especial, o por los bordes. Cuando hablamos de recipientes especiales nos referimos a un spray (a mí, particularmente me gusta llamarlos fluflú) o con un frasco lavador.

Por si ni los has visto, un frasco lavador es un bote de plástico flexible con un pitorro largo que permite regar con precisión.

Por los bordes se puede regar directamente con un vaso o, incluso, con un grifo o regadera. La mejor de las opciones es la primera, porque permite un regado homogéneo y es más cómodo. Pero, si no disponemos de dichas herramientas, optaremos por el riego por los bordes.

Regar con spray

Permite un regado más homogéneo, gentil y cuidado. Además, nos servirá para limpiar restos de los laterales del cristal o de tierra en las plantas. Es lo más parecido a la lluvia que conseguiremos dentro del terrario. Lo suyo es rociar todo el conjunto de forma más o menos equitativa.

Imagen de la tapa de un terrario tipo Millamón

Regar con vaso o recipiente

Si no tenemos un spray en el momento, podemos coger un vaso de agua, una botella o cualquier otro recipiente y, con cuidado, regar aprovechando el borde. El secreto consiste en unir el recipiente a la pared de manera que el agua vaya pegada, por tensión superficial, y se vaya depositando en los laterales. Hemos de hacerlo girando poco a poco, para asegurarnos de que regamos todo el terrario y así facilitar que el sustrato se humedezca bien, cosa que ocurrirá en cuanto comience a evaporar el agua.

¿Por qué hay que ser tan tiquismiquis y no podemos echar un chorro de agua y ya? Porque la fuerza del agua, en un ecosistema tan pequeñito, seguro que nos va a arrastrar algunos componentes del terrario, estropeando la composición o, incluso, poniendo en peligro a alguna de las plantas.

Además, hacerlo con el cuidado necesario también nos permite controlar más fácilmente la cantidad de agua que ponemos. Recordemos que un terrario es un ecosistema semicerrado cuyos valores están controlados y medidos con precisión.

¿Qué tipo de agua debemos usar?

Dependiendo de donde vivamos, podremos usar el agua de grifo o no. Por ejemplo, en zonas de aguas duras, como pasa en el sur de España, es muy recomendable usar agua de botella o de ósmosis. Si no, la cal irá precipitando, dejando el cepellón hecho una piedra que terminará por matar nuestras plantas.

Con los terrarios, al no regar de forma continua, la adición de sales y cal es menor. Pero los parámetros deben ser controlados con mayor celo.

Si no disponemos de otro tipo de agua, por supuesto, más vale usar la que tengamos a mano. Pero si podemos elegir, mejor que sea un agua de mineralización débil, de manera que sepamos con seguridad que no estamos desequilibrando ninguna de las características de nuestro minúsculo ecosistema.

Con eso, ya tenemos una pieza más para nuestro juego de herramientas de terrarista. En breve más.

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